Julio 2007


Estimados clientes y amigos de Gen W:

En nuestro Newsletter GEN W ADN, de reciente aparición, encontrarás información relacionada con el manejo de las marcas comerciales, esperamos que estos puntos de vista de GenW te sirvan para mejorar la relación de tu marca con tus consumidores.

Es importante mencionar que los textos que ponemos a tu consideración integran el punto de vista de GenW, por lo que podrás estar de acuerdo o no, pero lo más importante de todo es que se abra el foro a la discusión.

Saludos y buenas vibras.




Artículos en este número:

TCC una relación para tomar en cuenta
Por Carlos A. Estrada


Todos somos marcas
por Alex Ayala.



Los asegunes de Julio Regalado
Para estas fechas, creo que los consumidores que asistimos a tiendas de autoservicio ya conocemos bien al peloncito sonriente que abandera a Comercial Mexicana durante julio. Imaginamos que trae ofertas locas, ofertones, magiofertas o cualquier otro apelativo sabrosón.

Ahora bien, todo comenzó hace más de quince años, cuando el mercado estaba fresco (y los quesos también), las estrategias de precios eran mássomeno honestas y, sobre todo, cuando aún no aparecía Wal*Mart, ese gigante que aplasta a los eslabones de las cadenas productivas.
ver el resto en: http://www.48gradosgenw.blogspot.com/

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TCC una relación para tomar en cuenta
Por Carlos A. Estrada

TCC una relación para tomar en cuenta

Platicaba ayer con una amiga que nada tiene que ver con el diseño o la mercadotecnia; ella me compartió un caso que quiero acotar. Ella estaba preocupada porque había cometido un error muy grande por las prisas y por la presión que le estaban ejerciendo sus jefes.

Esto me puso a pensar en algo que suelo menciono con frecuencia y decidí esta vez retomarlo como tema para un texto, pues es de vital importancia entender que todos los proyectos están basados en tres variables que interactúan y que invariablemente se afectan de manera recíproca.

Sostengo siempre que debemos tomar en cuenta un balance entre estas tres variables, mismas que interactúan como si se tratara de una telaraña: Si se afecta uno de los aspectos, los otros dos se verán afectados.
¿Cuáles son estas tres variables?
Calidad, Tiempo y Costo.


Pongamos un ejemplo cotidiano:
Cliente: Lo que me propones suena bien, pero lo necesito más barato.
Diseñador: OK, que te parece si te reajusto el precio, pero voy a necesitar más tiempo para realizar el trabajo.
Cliente: ¿Por qué más tiempo?
Diseñador: Pues porque imagina esto: Me pides bajar la tarifa, y para que sea rentable el proyecto yo le tengo asignada una relación entre costo, tiempo y calidad. Supongamos que quieres una labor de Calidad de 10, Tiempo de 3 días y costo de 5 pesos.

La calidad esta definida porque estoy calculando un tiempo de trabajo que me garantiza esa perfección, ese tiempo significa inversión de mi parte y es un lapso de trabajo en el que tengo que sacar esos 5 pesos; de lo contrario no podría mantener mi nivel de vida.

Si me pides reducir el precio a 3 pesos por ejemplo, necesito ocupar ese tiempo intermedio en otro cliente para acompletar los 2 pesos que necesito, con lo que tu proyecto estaría listo no en 3 días, sino en 5.

¿Estas de acuerdo?

Cliente: No, porque ¿sabes? No puedo mover los días, lo necesito en tres.
Diseñador: Bueno, en ese caso me estás pidiendo que sacrifique la calidad de la labor para ti. Yo voy a estar atareado porque tengo que sacar tu proyecto, es muy probable -garantizado, en algunos casos- que algo puede salir mal.
Cliente: Oye, pero encontré a alguien que lo hace a 3 pesos y rápido.
Diseñador: ¿Lo hará con calidad? Porque si no te importa la calidad de tu resultado, te sugiero, como asesor que soy, que lo hagas con ellos.

Hay veces que entramos a un juego en el que sacrificamos aspectos que no deberían verse lastimados. Es de vital importancia saber que estas tres variables interactúan y que desafortunadamente se afectan dos de ellas al tratar de “adelgazar” alguna.

En resumen, lo que quiero dejar claro es que debemos tener plena consciencia de que el tiempo, la calidad y el costo trabajan juntos y que los proyectos deberían considerar un balance armónico. Cualquier desajuste en ese balance afecta irremediablemente al resultado.


Todos somos marcas
Por Alex Ayala.

Hace tiempo que estamos familiarizados con la importancia de Madonna, el subcomandante Marcos, Robert De Niro, Luis Miguel, Chabelo y Christina Aguilera como líderes de opinión o figuras públicas, pero ¿alguno de nosotros consideró el valor de cada uno de ellos... como marcas?

Antes de continuar, debo dejar en claro que no me refiero a la aparición por TV de Ricky Marketing con su Pepsi, Moderatto con Rexona o Diego Luna con Ermenegildo Zegna. No se trata de hablar de los productos que promocionan, sino de su participación como catalizador de la aceptación del público.

Tenemos el hábito, como seres humanos, de buscar las características sobresalientes de los demás para reconocerlos con facilidad. Como resultado, los personajes públicos sufren la categorización del auditorio, lo que les deja una etiqueta -un par de adjetivos calificativos- de la que difícilmente se separan. Las asociaciones se dan, pues, de manera lógica en nuestra cabecita de consumidor: Adal Ramones = desmadre = juventud = ser alternativo = marcas como Doritos 3-D o Amigo Kit de Telcel. Saúl Lisazo = empresario maduro y triunfador = sobriedad y clase = Ron Añejo de Bacardi.

Y los ejemplos asociativos siguen y siguen y siguen... Tiger Woods es el mejor jugador de golf del mundo y el deportista que más ingresos percibe desde 2000. Tiene 23 años el muy infame (¿se nota la envidia?) y es negro, lo que le da un tono diferente al asunto por ser el golf un supuesto deporte de blancos. Nike observa que la gente mira con respeto, admiración, sorpresa, envidia y demás sentimientos encontrados a Woods y decide invitarlo a su campaña publicitaria. Con esto, la marca de calzado y ropa deportiva consigue que una parte de los éxitos del golfista y de su personalidad recia y triunfadora se vaya en cada par de tenis que sale de la tienda, o por lo menos que así lo crea el consumidor, aunque no se ha probado que un par de tenis vuelva hábil o millonario a un papanatas.

Los ídolos y sus conductas son representados diariamente por millones de personas en busca de estilo. Visitar un antro de alto nivel de cualquier ciudad cosmopolita es toparse de frente con por lo menos 73 Rickies Martin, 136 Chaquiras y 22 Luis Migueles. Si a donde se acude es a un centro comercial, hallaremos a doce Rebecas de Alba, a varios personajes de Friends y Dawson's Creek, dos o tres Anjelinas Jolie y algún despistado y anacrónico Natural Born Killer.

Pero no todos los hombres marca lo son por ser jóvenes y bonitos. Carlos Monsiváis, Pérez Reverte o Saramago son las marcas consumidas por cientos de intelectuales e intelectualoides. Las vicecondesas de Xochicalco y archiduquesas españolas de San Juan de los Marranos (las que leen Hola) son el alimento espiritual de las señoras a las que les sobra el tiempo y el dinero. Los conductores de talk shows y noticiarios son los consentidos de las amas de casa.

Ellos pueden orillarnos a preferir un jabón o un servicio de telefonía, pero lo más interesante es que en parte nos forman la personalidad. ¿Quién no conoce a alguno que quiere ser conquistador como Jaime Camil o tiene una prima que quiere ser “fresca y espontánea” como Belinda?

La identificación con las acciones, pensamientos u obras de personajes conocidos es sana, los ídolos ayudan a la superación, lo importante para una sociedad de consumo como la que nos toca vivir aquí es darle a esos talismanes únicamente el poder justo sobre nosotros o, por el contrario, darle el control de nuestra conducta como consumidores.

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